Ateneo Cordobesista 1954

 
 
 

DE NUEVO EL BARSA DE GUARDIOLA VENCE POR 1-3 EN EL BERNABEU Y RIDICULIZA AL MADRIDGUARDIOLA

El Barcelona volvi a ganar en el Bernab閡. El Bar鏰 interrumpi el mejor momento que se le recuerda al Madrid, a cualquier Madrid. Ni con la carrerilla de un aeropuerto ni con los motores de un avi髇 consigue saltar esta valla. El problema est muy cerca de trascender la pelota para acomodarse en el div醤. Hay un complejo que devora al equipo y parte del entrenador. Ha sido 閘 quien ha elegido las armas para combatir al Barcelona. Ha sido 閘, due駉 de todo, quien ha apostado por la fuerza, la presi髇, por los cuerpos atl閠icos, polifuncionales e incansables. Pues no basta.

El temor es que una derrota digna nos devuelva otra vez a la edad de piedra y en el pr髕imo duelo Pepe recupere lugar en el mediocampo; la pena ser que el madridismo concluya que no existe otra alternativa contra el Barcelona, que se renuncie a la soluci髇 del f鷗bol antes de profundizar en ella, que se acepte la inferioridad.

A quien busque excusas se le ofrecen varias. La primera es que Messi hizo m閞itos para ser expulsado al final de la primera parte. Borbal醤 le hab韆 mostrado la amarilla por protestar y pudo repetir tarjeta despu閟 de una entrada a Xabi Alonso. El 醨bitro no se atrevi con tanto. El resto de las decisiones son opinables y favorecieron, por tramos, a unos y a otros. La suerte es la otra escapatoria, pero tampoco conduce a ninguna parte.

Origen.

Del primer minuto del partido hace ya un siglo. El gol del Madrid lleg antes de que los futbolistas hubieran terminado de persignarse o encomendarse a Al. V韈tor Vald閟 equivoc el pase (largo, arriesgad韘imo, pecaminoso) y entreg el bal髇 a Di Mar韆, que duerme con la bayoneta calada. Lo que sucedi despu閟 fue una sucesi髇 rebotes, traspi閟 y nervios desatados. Despej Busquets, mal, vole 謟il, peor, y por fin remat Benzema, con la tibia, pero mortalmente. Uno a cero.

El madridismo lo celebr como el gui髇 so馻do, casi como un augurio de felicidad. Sin embargo, pasado el primer sofoc髇, la alegr韆 se moder y se oyeron las tribulaciones de una afici髇 a la que el Bar鏰 imparte lecciones de fatalismo. De la satisfacci髇 del gol se pas al temor a haberlo marcado demasiado pronto. Ya saben: un gol tan tempranero apenas tiene efecto en quien lo recibe, pues ni se asume la desgracia ni se padece tanto como otro m醩 tard韔, con menos tiempo para remontar. El Bar鏰, en cambio, lo ten韆 todo.

Quiz por esa raz髇 el equipo zarandeado no se sinti ante un drama, sino ante una habitaci髇 desordenada. Y Messi la arregl. A los seis minutos rob a Sergio Ramos y encar a Casillas con aviesas intenciones. Su disparo, colocado como un dardo, lo sac Iker con las yemas de los dedos.

Es dif韈il afirmar que fue esa jugada la que igual el partido. De lo que no hay duda es de que igual el miedo. A partir de ese momento, el Madrid dej de disfrutar de las ventajas del anfitri髇 para encontrarse con los inconvenientes, el ansia, la inquietud. Cristiano las sufri m醩 que nadie.

Equilibradas las fuerzas, el encuentro nos mostr dos estilos opuestos, dos formas de ser. Si habl醨amos de maneras de hacer la guerra, nos valdr韆 la comparaci髇 con aztecas y conquistadores. Mientras el objetivo de los ind韌enas no era dar muerte al enemigo, sino capturarlo, el de los espa駉les era rebajar las huestes rivales con arcabuces y espadazos. El prodigio del Bar鏰 es vencer jugando al rescate.

Por momentos, muchos, el plan resulta suicida, angustioso y provocador. El Barcelona se empe馻 en sacar la pelota jugada en todo momento, hasta cuando no lo recomienda el sentido com鷑, ni los tratados del f鷗bol o la cardiolog韆, y por ese contagio se explica el fallo de Vald閟 en el gol.

La hipnosis, sin embargo, surte efecto. Lo hemos visto mil veces. El equipo que observa se convierte en la serpiente que baila al son del faquir, demasiado concentrada e interesada como para atacar al flautista. As se diluy la ferocidad del Madrid. Cuando correr deja de ser rentable, se corre cada vez menos. Y se pierde el ritmo, y se extrav韆 la fe.

Alexis empat. El gol fue una ocurrencia de Messi, que tom el bal髇 y se deshizo de 謟il, Alonso y Lass. Surfeando sobre las piernas del franc閟 asisti. Recibido el paquete, el chileno marc con tino y valent韆, perseguido por el aliento de drag髇 de Pepe.

El Bar鏰 sacaba partido de ese orden ca髏ico que resulta indefendible para los soldados con armadura. No hay ant韉oto para semejante avispero de locos bajitos. Esos tipos no respetan las posiciones, ni las estaturas, ni guardan la m韓ima prudencia. Se incorporan al ataque cinco, seis, inconscientes, seguros de que no habr repliegue porque habr gol, seguros de que no habr bronca porque hay Guardiola.

Rebote.

Xavi consigui el segundo por pura fortuna. Chut desde fuera y la pelota fue desviada letalmente por Marcelo. Casillas no tiene cintura para tanto porque tiene cintura humana y no es mu馿co que se pueda colgar del retrovisor. El tercero lo marc Cesc de cabeza, despu閟 de otro movimiento iniciado por Messi, gran asistencia de Alves al segundo palo, magn韋ica coreograf韆 general.

Quedaban 25 minutos y fueron para pensar, cosa terrible. A los madridistas no les aflige tanto la derrota como los cien a駉s que parece durar la guerra. El barcelonista sigue mecido en un sue駉 a prueba de ca駉nazos.

Entretanto, sobre el c閟ped, el Barcelona se qued conforme con el resultado y el Madrid dej de jugar contra un equipo para medirse contra un trauma. En ese tramo la figura de Iniesta se engrandeci hasta el infinito. Cada bal髇 que domin cambio el tiempo del partido para transformarlo en el tiempo de Iniesta. Lento, si es necesario, veloz si toca, elegante siempre. Messi hace sentir al Bar鏰 la proximidad del gol, pero Iniesta le hace sentir seguro.

Los equipos se siguieron golpeando, no crean. En forma de ocasiones y en forma de arrimones. Cristiano tuvo el gol de la esperanza, pero cabece fuera, inexplicablemente, pues se encontraba solo. Su obsesi髇 le puede. Su deseo de ser protagonista le convierte en secundario ansioso. La cercan韆 de Messi acent鷄 la comparaci髇 con Salieri.

Ni el mejor Madrid, ni un gran Benzema. Ni siquiera el Bernab閡. El Barcelona agranda su leyenda y alimenta un complejo.

El crack

Iniesta

En sus pies se fragu la victoria. Movi al Bar鏰, gener espacios y dio una exhibici髇 de juego. Enorme.

 

 

aya d韆!

Marcelo

Descentrado, se vio superado por Alexis. Adem醩, 閘 fue quien desvi el tiro de Xavi que supuso el 1-2.

 

 

El dandy

Messi

Sostuvo al Bar鏰 cuando peor estaba. Asisti a Alexis en el 1-1 y cre peligro en todas sus apariciones.

 

 

El duro

Coentrao

Con 1-3 reflej la impotencia del Madrid con un entrad髇 a ras de suelo sobre Iniesta en el 72'.

FUENTE: DIARIO AS.COM 

 

 

 
 
 
 
 
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